Con sincio de viajar...

Somos una pareja que reside en Santander y que dedica los fines de semana a conocer nuevos lugares.
Empezamos en Cantabria... ¿Dónde terminaremos?

jueves, 12 de abril de 2012

Barcelona, día 2

Antes de nada, queremos dar las gracias a todos los amigos que habéis visitado el blog y nos habéis comentado que os gusta. Esto es precisamente para vosotros.


 El día en Barcelona ha amanecido nublado y a lo largo del mismo han ido cayendo alguna que otra gotita, pero la temperatura era realmente agradable. Después de haber dormido como auténticos lirones - el día de ayer fue demasiado! - nos hemos levantado con fuerzas recuperadas, nos hemos arreglado y hemos bajado a desayunar. Como todavía no os hemos hablado del hotel, os comentamos ahora que está genial, el trato es estupendo, las instalaciones son tan modernas que lo hacen realmente atractivo, y yendo a lo importante (LA COMIDA) el buffet del desayuno está genial. 

Hoy habíamos pensado conocer toda la parte de Gaudí, así que cogimos el metro y nos dirigimos hasta la parada de Lesseps para ir a conocer el Parque Güell. Entre la parada y el parque hay aproximadamente 1,5 km, y más o menos la mitad es una subida que hay que tomarse con verdadera calma. El parque tiene numerosos jardines y elementos arquitectónicos, y debe su nombre a Eusebi Güell, un empresario catalán amigo íntimo de Gaudí, a quién encargó construir el parque. Para diseñarlo, Gaudí se inspiró en formas de la naturaleza. En la entrada del parque se encuentra una gran escalinata presidida por la famosa escultura de la salamandra decorada con mosaicos. Decidimos tomar el camino de la derecha para dar un paseo por el parque e ir viendo los viaductos que se encuentran a lo largo del parque. 

Desde la zona más alta, en la Cruz del Calvario, se puede divisar toda la ciudad con sus edificios más emblemáticos, como la Sagrada Familia o la Torre Agbar. Tras quedar maravillados con estas vistas, nos dirigimos hacia la plaza del parque, que tiene una forma oval y está rodeada de bancos decorados con mosaicos. 





Bajo esta plaza y sujetándola se encuentra una sala, la llamada Sala Hipóstila o Sala de las Cien Columnas, que tiene unas 90 columnas y varios mosaicos decorativos en el techo. Esta sala da a la escalinata que se ve en la entrada, y desde ella, se pueden ver los preciosos detalles de la entrada del parque.

Una vez visto el parque, cogimos el metro de nuevo en dirección al Paseo de Gracia, para comer algo y continuar conociendo las maravillas arquitectónicas de Gaudí. Nada más salir del metro nos sorprendieron las farolas de esta calle.



Después de comer nos dirigimos a la Casa Batlló, de la que sólo vimos la parte exterior. La fachada está hecha con piedra arenisca tallada en formas curvas y revestida con sus famosos cristales de colores. Del edificio destaca la tribuna del piso central, que se extiende por los laterales hasta el primer piso, y sobre todo, sus balcones, que están hechos con hierro y colocados sobre peanas de piedra con forma de concha.  


De la Casa Batlló nos dirigimos a la Pedrera, que está a poco más de un kilómetro. La ondulante fachada que da al Paseo de Gracia tiene más de 20 metros de largo y nueve balcones cuyas barandillas llaman poderosamente la atención porque parecen papel arrugado. Al igual que la Casa Batlló, sólo vimos el exterior.



Llegados a este punto, cabe hacer una crítica a la ciudad, y es el desorbitado precio para visitar los monumentos. La entrada para la Casa Batlló cuesta, para estudiantes, casi 15€, y la Pedrera, 11. Si a esto le sumas los 6€ que cuesta entrar a la Catedral, los 14€ del Museo Picasso y los 11€ de la Sagrada Familia, se te pone la broma en casi 60€, y aquí los presentes somos estudiantes y o comemos o conocemos perfectamente la obra de Gaudí. Como de todo esto lo que más nos llamaba la atención a ambos es la Sagrada Familia, nos decantamos por visitar el interior de la basílica y descartar los monumentos anteriores.

Cogimos el metro y nos dirigimos a la Sagrada Familia. Cuando llegamos a la estación, salimos a la calle y vimos la basílica alzarse ante nuestros pies sentimos algo muy difícil de explicar: una mezcla entre sorpresa, incredulidad y ganas locas de entrar a conocer lo que el genio Gaudí ideó en su día para presidir la ciudad condal. La cola para entrar a verla ocupaba dos lados de la manzana, aunque a decir verdad, la espera no fue demasiado larga. Para ver la Sagrada Familia hay dos opciones, hacerlo por tu cuenta o con audioguía. Nosotros optamos por la segunda y podemos asegurar que es la mejor manera de conocer el interior de la basílica, y la única forma de conocer a la perfección el motivo de cada detalle que nos encontramos, porque si algo hemos aprendido hoy es que Gaudí jamás dejaba nada al azar.





Cuando entramos no podíamos creer lo que veíamos: esas columnas tan altas y diferentes entre sí, las vidrieras que hacen entrar una luz mágica, la impresionante altura del edificio, los adornos de los techos... Lo primero que explica el audioguía son las vidrieras: todas tienen un simbolismo religioso en la forma y en los colores. Nos llamó muchísimo la atención que arriba del todo hay una serie de vidrieras que no tienen color, pero sí están adornadas con unas líneas que le dan un aire muy elegante.

Después pudimos observar las diferentes columnas que hay. Diferentes en altura, forma e incluso el color. Llaman la atención sobre todo unas columnas que tienen forma de árbol y que permiten que el edificio aguante en pie sin necesidad de contrafuertes, y que además terminan en un techo decorado en forma de palmera que te hace sentir en un bosque arquitectónico. Gaudí ha inventado una forma diferente de hacer columnas, e incluso de hacer bóvedas.

Del exterior, hemos conocido las dos fachadas que están terminadas. Una de ellas, dedicada al nacimiento de Jesús, tiene muchos detalles y está muy decorada: aparecen varios grupos escultóricos, diferentes animales y formas de la naturaleza como hojas y plantas. La otra, que representa la muerte y resurrección de Jesús, tiene unas líneas mucho más rectas y con menos artificios.

Aquí ha terminado nuestro día gaudiano, volvemos a estar realmente cansados pero aún nos dura la ilusión y la sorpresa de todo lo que hemos conocido hoy. Sin duda, lo que más nos ha gustado es la Sagrada Familia, ambos coincidimos en que es el monumento más bonito y espectacular que hemos visto nunca. Mañana más y mejor :)

Barcelona, día 1

Después de un madrugón infernal (4:10 de la mañana) y un recorrido en coche hasta Barajas, llegamos a la T4 para coger nuestro vuelo a Barcelona. Incluyo esta parte porque a pesar de ser de Madrid quedamos alucinado al ver la obra de arte que es la T4, construida por el arquitecto inglés Richard Royers.


Montamos en nuestro avión y tras un pequeño retraso, salimos hacia nuestro destino. Fue un vuelo muy tranquilo y sin incidencias. Una vez en el aeropuerto, cogimos un autobús que nos llevó a Plaza Cataluña.  El aeropuerto de Barcelona es muy intuitivo y se llega muy fácilmente a la zona del transporte público. Allí cogimos el metro para dirigirnos hacia nuestro hotel, el Tryp Condal Mar. La verdad es que quedamos gratamente sorprendidos con él, ya que no esperábamos que fuera tan bonito. Decidimos dormir un rato para coger fuerzas, nos esperaba una tarde de patearnos la ciudad. 

En este primer día hemos decidido recorrer toda la parte gótica, así que nuestra primera parada fue la Plaza de Jaime I, desde donde nos dirigimos a la oficina de turismo para que nos orientaran un poco. Después de que nos dieran un planito y no nos dijeran casi nada, fuimos a ver la Catedral. Quedamos alucinados con los arcos ojivales y las formas que tiene. Realmente una construcción gótica perfectamente realizada y que está situada de tal forma que entres por donde entres te la encuentras en toda su inmensidad. La entrada para visitar el interior cuesta 6€, pero no lo hicimos porque había un montón de gente en la cola.


Una vez terminada nos dirigimos casi sin querer al Mercado de Santa Caterina, del que ni si quiera nos habían informado en la oficina turística. Su cubierta es realmente sorprendente por su colorido mosaico y su forma que recuerda a las olas del mar.




Desde el mercado nos hemos dirigido hacia la Plaza del Rey, haciendo una pequeña parada en Starbucks para que Laura probara su primer frapuccino chocolate (mmmmmmmm). Hemos vuelto a parar a la estación de metro en la que nos apeamos para luego dirigirnos al Museo Picasso. No hemos entrado porque el precio nos parecía excesivo (14€!!) y creemos que hay cosas mucho más interesantes por las que pagar.

Como Jorge está leyendo "La Catedral del Mar", tenía especial interés en visitar la Iglesia de Santa María del Mar, así que nos acercamos dando otro paseíto hasta allí para admirar la extraña belleza de la misma. 


Nos hemos dirigido hacia el mar hasta llegar a Plaza Palacio. Desde allí se empezaba a entrever el Cap de Barcelona, una escultura de gran tamaño del artista Roy Lichtenstein. Esta obra nos ha llamado especialmente la atención, porque sigue la estela colorida y modernista que envuelve toda la ciudad. 



Junto al puerto deportivo se encuentra el Paseo Colón, que desemboca en una gran estatua que recuerda a la de Madrid. Pasear por esta calle nos ha resultado muy agradable por la brisa y el ambiente marítimo. Desde el mirador de Colón se puede ver Torre de Jaime I y el World Trade Center, emblemas del puerto de Barcelona.

En una visita a la zona antigua de Barcelona no puede faltar un paseo por las Ramblas, aunque el nuestro se ha complicado ligeramente. Comenzamos subiendo esta famosa calle e hicimos la primera parada en el Bosque de las Hadas, un pequeño bar situado junto al museo de cera en el que toda la decoración recuerda a un encantador y mágico bosque. Entramos con miedo de pagar 10€ por dos cafés, pero, sorprendentemente, con 2,80€ lo teníamos resuelto. Merece la pena visitar este lugar tan especial.


Hemos seguido paseando por La Rambla y nos hemos desviado para ver el Palau Güell, una obra de Gaudí,  cuyas formas llaman la atención sobre el resto de edificios colindantes.


Hemos querido visitar la Iglesia de San Pau del Camp, así que nos hemos desviado de La Rambla, y ahí ha comenzado nuestra aventura. Después de ver esta pequeña pero encantadora iglesia, nos hemos perdido por la zona del Raval y sus calles que no parecen demasiado seguras. Después de un buen rato caminando totalmente desorientados, hemos conseguido ubicarnos y tomar el camino adecuado para dirigirnos al Museo de Arte Contemporáneo. Del edificio en sí no nos ha llamado nada la atención, pero el ambiente era muy llamativo: había un montón de gente haciendo verdaderas virguerías con el skate. Desde esta zona, hemos vuelto a La Rambla para visitar el Mercado de la Boquería, famoso por sus puestos de fruta y zumos naturales. Para terminar el recorrido de hoy, nos hemos dirigido a Plaza Cataluña, hemos conocido el Hard Rock aunque nos ha sido imposible cenar allí por la grandísima cola, y, dado que nuestras piernas nos pedían a gritos un respiro, volvimos al hotel para ducharnos, cenar tranquilamente y dar un paseo viendo de fondo la Torre Agbar.

Para hacer un balance de este día, decir que estamos destrozados en la cama, con los pies y las piernas muertos de cansancio, pero, sin duda, ha merecido la pena conocer parte de los encantos de esta gran ciudad. Mañana más y mejor.

martes, 10 de abril de 2012

El escorial


Estamos en mi casita de la sierra de Madrid, y viendo el mal tiempo que hacía, hemos decidido ir a San Lorenzo del Escorial para ver el Monasterio, una visita obligada.

La primera reacción al verlo ha sido la sorpresa, es una estructura realmente grande realizada por el arquitecto  Juan de Herrera. Destacaré la cúpula, que desde fuera llama poderosamente la atención. A mi personalmente me parece un poco basta y excesivamente grande, pero tiene su encanto.

En la entrada nos llevamos nuestra primera sorpresa: la entrada cuesta 10€. Por lo menos con el carnet de estudiante reducen el precio a 5€. La primera impresión fue bastante mala, la chica que estaba en la taquilla no nos explicó lo que íbamos a ver ni por donde se entraba, era un poco borde. También echamos de menos algún folleto informativo. Recorriendo los laberínticos pasillos del monasterio llegamos a una exposición de tapices y, probablemente, al mejor cuadro que vimos: El Martirio de San Mauricio, de El Greco. Después entramos en la zona de arquitectura, donde encontramos muchos planos de la época y herramientas con las que construyeron el monasterio. De esta parte del monasterio diré que está muy poco cuidada, la disposición es aburrida, y hay poca información sobre lo que muestran. Nos llamó la atención una maqueta del edificio, que es realmente increíble. Después llegamos a la zona de pintura flamenca, donde nos encontramos con una gran exposición de pinturas, algunas mejores que otras. El gran descubrimiento, sin duda, la cantidad de obras de Michel Coxcie, artista del que no habíamos oído hablar demasiado pero que nos ha encantado. A continuación llegamos a una zona impresionante: el capitolio. Todo está hecho con mármol y la verdad es que está muy bien cuidado. Recorrimos algunas salas más con cuadros hasta que llegamos a  una con todos los techos pintados, y con una genial luz cenital que llama muchísimo la atención por la oscuridad general del monasterio. Las últimas partes que visitamos fueron las mejores, encontramos una escalera con todo el techo pintado que nos dejó totalmente impresionados, y más adelante llegamos a la iglesia. En ella, hay un retablo muy bonito y todo lo arquitectónico es realmente increíble.Tiene una cúpula que llama la atención y una bóveda plana que vimos explicada en la parte de arquitectura, pero que si no  llegamos a fijarnos no la hubiésemos visto porque nos estaba indicada.

Por fin, y después de una visita bastante larga salimos algo decepcionados. En síntesis podemos decir que hay partes del monasterio, sobre todo las de las exposiciones (tapices, arquitectura y pinturas), que están bastante descuidadas, otras están poco iluminadas, sucias, o incluso rotas y además, hay poca información sobre lo que se está viendo. Aunque el precio para la visita nos parece muy alto para lo cuidado que está, merece la pena visitarlo por lo imponente y majestuoso del monasterio.


domingo, 8 de abril de 2012

Parque Europa

Después de varios días en Madrid y sin mucho tiempo libre por los numerosos "compromisos" con amigos y familia, dedicamos la tarde a visitar este maravilloso parque del que tanto me habían hablado, y tantas fotos de parejitas había visto.


El Parque Europa está situado en Torrejón de Ardoz, al noroeste de Madrid. Fue una gran escombrera ocupada por naves abandonadas e infraviviendas, pero ahora se ha convertido en la mayor zona verde del municipio. Se extiende sobre una superficie de más de 200.000 metros cuadrados y su mayor atractivo son las reproducciones de los monumentos más emblemáticos de las principales ciudades europeas. Pero además, cuenta con muchas zonas de ocio para niños (parques, espacios multiaventura), una gran plantación de árboles, arbustos y flores de temporada, y tres lagos, en el más grande se puede alquilar una barquita para navegar.

El acceso al parque es totalmente gratuito, pero si vas en coche tendrás que pagar 3€ por estacionar en su parking durante seis horas. 

Los monumentos europeos representados en el parque son los siguientes:

En la foto veis la típica casita cántabra. Junto a ella había un montón de construcciones típicas de otras comunidades autónomas.


Aquí podéis ver una reproducción del Teatro Griego.


El Puente de Londres se sitúa justo encima del lago navegable.


Esta es la Plaza de España.


Delante del lago está representada La Sirenita.


Sin duda, el monumento que más llama la atención (incluso antes de entrar en el parque, porque se ve desde fuera) es el de la Torre Eiffel.


Aquí podéis ver la Torre de Belem.
 

Y esta réplica es de los típicos molinos holandeses.

Además de todos estos, también encontraréis:
  • Puerta de Brandenburgo.
  • Muro de Berlín. Merece la pena destacar que éste no se trata de una réplica, sino de un trozo del muro original cedido gratuitamente por el Ayuntamiento de esta ciudad.
  • Barco Vikingo.
  • Fontana de Trevi.
  • David de Miguel Ángel.
  • Mannenken Pis.
  • Plaza de Europa.
  • Atomium.
  • Puerta de Alcalá.
El parque nos ha encantado, aunque quizá no haya cumplido todas nuestras expectativas en cuanto al rigor de las representaciones, sobre todo la Fontana de Trevi y el David de Miguel Ángel dejan mucho que desear. Pero realmente merece la pena coger unos bocatas y pasar un día visitándolo. Además si vas con niños seguramente disfrutarás mucho más del día, eso sí, si quieres hacer los circuitos multiaventura prepara la cartera:
  • Tirolina: 3,50€
  • Embarcadero: 10,00€
  • Tiro con arco: 6,00€
  • Multiaventura: entre 4,00 y 19,00€
  • Laberinto láser: 6,00€
  • Barcas infantiles: 3,50€
Para que veáis lo bien que lo pasamos, os dejamos una foto de Laura que representa su estado de ánimo durante todo el recorrido:








viernes, 23 de marzo de 2012

Excursión a Somo

Después de unos días con mal tiempo, pensábamos que este fin de semana no íbamos a poder hacer ninguna de nuestras escapadas y nos íbamos a tener que quedar en casita con poco que hacer (mil cosas de clase). Sin embargo, para sorpresa de todos, se levantó un día maravilloso que Laura no podía dejar escapar. Jorge, sin saber nada, cogió el tren como cada fin de semana para ir a visitarla, y cuando llegó recibió la grata noticia de que iban a conocer un sitio nuevo para Jorge.

Laura, con muchas prisas, condujo hasta casa para recoger la bolsa que tenía preparada con bocatas de tortilla (¡¡su primera tortilla!!) y coca-colas. La pobre fue toda acelerada por la mañana porque su idea fue totalmente de improviso y cuando miró los horarios de la sorpresa, se desesperó bastante. 

Jorge estuvo totalmente intrigado hasta que a Laura no le quedó más remedio que decirle dónde iban por las prisas de los horarios. En menos de cinco minutos cogimos todas las cosas y corrimos a aparcar al Palacio de Festivales. Después de otra carrerita hacia el embarcadero, por fin llegamos a coger la lancha. A decir verdad, la idea de la lancha a Jorge no le hacía demasiada gracia, es un pelín cagón con el mar, pero no dijo nada y se hizo el valiente.

Allí sacamos el billete que nos iba a llevar a Somo, y que cuesta ida y vuelta 4,50 € por cabeza. En lugar de hacer un frío insufrible, como debería ser por la época, hacía un sol radiante que hacía que todos esperáramos tranquilamente al barquito debajo de una pequeña sombra. Las lanchas que cruzan la bahía son muy famosas en la ciudad, y tienen una historia que se remonta a tiempos mucho más antiguos de lo que puede parecer. Desde la época de los romanos hasta la actualidad se ha pasado por propulsar las embarcaciones a remo, a vela, a vapor y los actuales sistemas. El primer servicio que se conoce es el de “Las Corconeras”, que empezó a trabajar en 1841. Varias empresas fueron pasando por este negocio hasta que llegó la actual, “Los Regina”, en la que todos los santanderinos nos subimos cuando nos apetece un minicrucero para llegar al Puntal, a Somo o a Pedreña. 

Cuando por fin cogimos el barco, en Jorge se veía ese medio gesto entre miedo y disfrute. Pero finalmente y gracias a lo calmo que está el mar, se dedicó a disfrutar junto a Laura de la agradable excursión.

La primera parada fue en Pedreña, casi estuvimos a punto de salir del barco pensando que habíamos llegado a nuestro destino ya, pero gracias al cielo nos dio por preguntar y finalmente nos quedamos en el barco. Por fin llegamos a nuestro destino, y la verdad es que no esperábamos que fuera un sitio tan urbanizado.

Caminamos cerca de dunas de arena hasta llegar a un parque, y por no cargar con la comida y sinceramente porque nuestros estómagos hacían grugru, decidimos comernos los bocatas de tortilla preparados por Laura. Decir que para ser sus primeras tortillas estaban muy buenas, así que disfrutamos del buen tiempo y de una buena comida antes de partir hacia la playa.



Por el camino hacia la playa nos llamó mucho la atención que en Somo no hay un paseo marítimo como estamos acostumbrados a ver, sino que todas las casas están muy cerca de la playa y el espacio dedicado al paseo discurre entre los edificios y las dunas. Cuando llegamos a la playa nos encantó el ambiente: un montón de gente haciendo deporte, corriendo o simplemente paseando, gente con sus perros, parejas, niños, jóvenes... no hacía falta dejar mucho a la imaginación para pensar que era verano.



Decidimos dar un paseo por la orilla mientras disfrutábamos de aquel tiempo tan agradable. En principio no nos marcamos un objetivo, pero como la conversación era tan amena y los juegos por la arena tan entretenidos, nos plantamos casi sin darnos cuenta en el Puntal. Lo bueno que tiene este paseo es contemplar de frente toda la bahía de Santander, desde el Palacio de la Magdalena hasta el puerto, pasando por las playas de Los Bikinis y Los Peligros y el Palacio de Festivales. Una vez que llegamos al Puntal nos tumbamos para reponer fuerzas y tomar un poco el sol. Aunque no lo parecía, habíamos caminado ¡¡3 KILÓMETROS!! y, lógicamente, nos faltaban los mismos para volver.





El camino de vuelta no fue tan agradable ni bonito. Teníamos el viento en contra, por lo que caminar era bastante más difícil y más con lo cansados que estábamos. Para darnos fuerzas, pensábamos en el heladito rico que nos íbamos a comer en cuanto llegáramos a la salida de la playa... porque, claro, en Somo, haciendo tan bueno, un fin de semana, alguna heladería tendría que haber abierta, ¿no? ¡¡PUES NO!! Estuvimos un rato camina que te camina y no encontramos una dichosa heladería, así que optamos por la vía rápida: Lupa, cucharillas de plástico y Hägen Daz de tarta de queso. 




La vuelta fue un poco triste, no nos apetecía después de un día tan bueno en la playa. Además refrescó bastante, menos mal que Laura propuso llevar las chaquetas por lo que pudiera pasar. ¿Lo mejor de volver a casa? El atardecer en Santander visto desde el mar.


Como conclusión, diremos que merece la pena hacer esta excursión aunque resulte cansado. Si vas de vacaciones a Santander, o incluso si vives cerca y te apetece pasar un día diferente, cógete unos bocatas, sube a la lancha y date el paseazo hasta el puntal. Es cansado, no vamos a negarlo, pero realmente merece la pena.












sábado, 10 de marzo de 2012

Argüeso y Fontibre


Hoy nos hemos ido de excursión a la zona de Argüeso y Fontibre, situados más bien hacia el sur de Cantabria.

Por recomendación de Laura, hemos ido primero al Castillo de Argüeso. Ella ya lo conocía una excursión con el instituto y guardaba un muy buen recuerdo. Llegar no fue demasiado díficil, con el GPS, claro. 

Aparcamos en la zona habilitada para ello y nos dispusimos a subir hacia el castillo. Está situado en un alto estratégico, desde el que luego pudimos comprobar cómo tenían todos los puntos importantes controlados. La subida no es demasiado empinada porque se va girando alrededor del castillo. Aunque en principio pueda dar algo de pereza, merece la pena realmente ir contemplando poco a poco cómo se erige ante nuestros pies semejante construcción.

                                          

Tras entrar en el recinto amurallado, en el que encuentras un par de burritos graciosísimos y una hierba muy cuidada, entramos en el edificio. Allí, una guía - majísima, por cierto - nos cobró la entrada (2€, creemos recordar) y nos explicó alguna cosilla sobre el castillo. Se trata de dos torreones levantados entre los siglos XII y XIV y unidos por un cuerpo central en el XV, destacar que la segunda torre está dispuesta ligeramente girada (en la foto de arriba se aprecia perfectamente) para no quitarle las vistas a la anterior. Recientemente (creemos recordar que en los 90) se reformó por completo y se hizo un grandísimo trabajo de carpintería totalmente artesanal.


Del interior del castillo sólo podemos decir que quedamos maravillados. Está cuidado que da gusto pasear por sus estancias, el trabajo de la madera es impresionante, el ambiente es mágico... Es el típico sitio del que sales pensando en que no te hubiera importado pagar más por la entrada. 



Pero, sin duda, lo mejor del castillo son las vistas que se pueden apreciar desde las almenas. Se puede subir a ellas con toda seguridad, incluso si vais con niños. Como podéis ver en la siguiente foto, las zonas por las que se puede pasear tienen una valla de seguridad. Las vistas, tanto por un lado como por el otro, son maravillosas. Desde allí puede verse cómo el castillo está situado en un lugar estratégico: se ven absolutamente todos los caminos que llevan a esa zona.





Cuando terminamos de ver el castillo le preguntamos a la guía por dónde podíamos ir a ver el Poblado Cántabro (Laura ya había estado también el mismo día que visitó Argüeso). Nos indicó perfectamente y nos dirigimos hacia allí. Antes de seguir con la crónica queremos volver a hacer mención a lo educada, simpática y agradable que era la chica que estaba en el castillo, ojalá todas fueran así, porque nos hemos encontrado con cada una que telita...

Para ir al Poblado Cántabro hay que aparcar el coche a dos kilómetros del mismo. Dos kilómetros de camino pedregoso y cuesta, así que id preparados. Subimos hasta allí, con cruce de riachuelo incluido, y llegamos. La entrada estaba totalmente embarrada, a pesar de que hacía un día estupendo. Sorteamos el barro y terminamos de entrar. Mientras se nos acercaba una chica observamos el montón de chabolas que estaban montadas, simulando a la perfección las casitas de la antiguedad. La chica nos ofreció una visita guiada por el poblado y la verdad que hubo una situación rarísima, en principio parecía que lo estaba regalando, luego nos llevó a una de las cabañas a pagar los 4€ que cuesta la entrada. El precio nos pareció excesivo, sobre todo teniendo en cuenta  que para visitar el castillo pagas sólo 2€ y su mantenimiento conlleva muchos más costes que los del poblado. No nos llegaba con lo que teníamos suelto (se nos había ido todo en la entrada del castillo) y no aceptaban tarjeta de crédito... así que no nos quedó otra más que volver a bajar los dos kilómetros, mosqueados y sin ver el poblado. Aquí tenéis a Jorge mientras bajábamos intentando hacerse amigo de los caballos (no funcionó).



La última parada del día sería Fontibre, el conocido como Nacimiento del Ebro, aunque buscando información hemos descubierto que no es el nacimiento de dicho río. En 1987 se descubrió que el origen principal de las aguas de este río es el río Híjar, que nace en el circo del pico Tres Mares, a 1.880 metros de altura. Gran parte del caudal de este río se filtra en el subsuelo de aguas abajo de Paracuelles, a poco más de 800 metros del manantial de Fontibre, para resurgir más abajo en el Pilar de Fontibre.

Cuando llegamos el olor a rabas nos embaucó, así que no nos quedó otra que sentarnos en el bar a tomar un martini y comer las rabas. El ambiente del bar de Fontibre es genial, hay un montón de mesas en la terraza y había mucha gente.



Después del aperitivo bajamos al parque. Es un sitio que está genial incluso para pasar un día campestre con bocatas. Nosotros buscamos un banquito que nos gustara y nos comimos nuestros bocatas mientras disfrutábamos de estas vistas.


Una vez que habíamos comido, bajamos un poquito más para ver el "nacimiento del Ebro", hacernos la típica foto y dar un paseíto por los alrededores.


En definitiva, ha sido un día genial. El Castillo hay que ir a verle obligadamente, es impresionante. El Poblado Cántabro... cercioraos de que tenéis dinero en la cartera antes de subir los dichosos dos kilómetros. Y en cuanto a Fontibre, si vais ¡ya podéis decirle a vuestros amigos y familiares que no es realmente el nacimiento del Ebro!

sábado, 3 de marzo de 2012

Covadonga & Gijón

A diferencia de otros fines de semana, hemos conseguido engañar a unos amigos para irnos de excursión.
Nuestra primera parada fue en casa de Ali, donde nos reunimos con ella y sus dos amigos, Sergio y Pedro. 

El recorrido hasta Covadonga se hizo bastante ameno a pesar de los kilómetros que lo separan de Santander. Fuimos hablando durante todo el camino y, sobre todo, nos fuimos riendo del pobre Sergio, que había salido el día anterior de fiesta e iba “tocado”.

Covandonga está en el concejo de Cangas de Onís, en el Principado de Asturias. Lo primero que vimos según llegamos fue su gran basilica, que fue construida entre 1877 y 1901 por Federici Aparici en colaboración con Mauricio Calvo. Se trata de un gran edificio de roca caliza roja, que presenta una gran unidad estilística dentro de los cánones neorrománicos en el que fue concebido. La basílica, que se asienta sobre una gran terraza, tien tres naves, la central notablemente más alta.

                                        

Justo enfrente de la basílica pudimos ver una estatua de bronce de Pelayo. (foto)

                                                  

Muertos de hambre después del largo viaje, decidimos buscar un sitio en el que saciar nuestra gula. ¿Cuál fue nuestra sorpresa? Encontrar un bar donde tomar algo no es tan sencillo como en principio se nos antojaba. Por fin encontramos un bar pero tenía trampa, para llegar a él había que subir … demasiadas escaleras, al llegar vimos que no era gran cosa pero después de subir, como para no tomarnos algo.

Ya con nuestros estómagos llenos, nos metimos en la “Santa Cueva”, una gruta cavada en la roca, en la que se encuentra la Virgen de Covadonga. Hay muchas historias en torno a la creación de este santuario. Algunos historiadores creen que lo más creíble es que Pelayo y los cristianos, refugiados en la cueva de los musulmanes, llevaran consigo alguna imagen de laVirgen y la dejaran allí tras su victoria en la Batalla de Covadonga, La primera construcción de el santuario data de tiempos del Alfonso I, el Católico, quién mandó construir la capilla dedicada a la Virgen María, que daría origen a la advocación de la Virgen de Covadonga (la santina), al vencer a los musulmanes. Está claro que nuestros antepasados eran capaces de realizar trabajos con la piedra increíbles, ser capaces de excavar una gruta así en este monte nos parece algo realmente prodigioso, pero a decir verdad y para nuestra opinión, la nueva construcción que han realizado detrás de la Virgen le quita toda la magia al lugar. 


                                       

Después de visitar la gruta, bajamos un montón de escaleras hasta una laguna preciosa, en la que se puede ver cómo entra agua desde detrás de las rocas. En ella muchos visitantes lanzan una moneda para pedir un deseo, todos imaginaréis que Laura lo hizo. Junto a esta laguna se encuentra la fuente de los siete caños, sobre la que cuenta la tradición que si bebes de todos los caños te casarás en el siguiente año. No bebimos ninguno, primero porque no nos queremos casar todavía, y segundo porque ¡¡el agua no era potable!!

                                                  


No podíamos marcharnos de este lugar sin antes subir a los Lagos. Para llegar a ellos hay una carretera tan estrecha como pinada, pero realmente merece la pena subir, aunque sea sólo por el paisaje que vas admirando. Subirla en coche es complicado, todavía no entendemos como hay gente que es capaz de subirla en bicicleta. Los lagos forman parte del Parque Nacional de los Picos de Europa, y son glaciares formados por los lagos Enol, La Ercina y uno más pequeño llamado El Bricial, aunque este sólo tiene agua cuando se produce deshielo. El primer lago al que llegamos es el Enol, pero no paramos y subimos hasta el siguiente, el de la Ercina. En él nos encontrábamos a una altitud de 1100 metros, ¡¡ahí si que podíamos respirar aire fresco!!! La verdad es que quizás no acertamos con la fecha de visitarlos, ya que el frío y el césped mojado no nos dejó disfrutarlo como nos hubiera gustado. Además existe una ruta para andar que va desde éste al lago al de más abajo.

                                         

                                         


Ya bajando paramos en el Mirador de la Reina para hacernos unas cuentas fotos con la zona de Cangas de Onís de fondo.

                                         


Ya había llegado la hora de comer, así que fuimos a un restaurante al que ya habíamos echado nada más llegar. Encontrarlo es muy sencillo: está a la izquierda de la rotonda de la entrada a Covadonga, junto a la salida que lleva a los lagos. Por un precio realmente barato (unos 10€, creemos recordar) nos comimos un exquisito menú del día. Curiosamente, todos elegimos lo mismo: fabada y escalopines al queso de Cabrales. La comida está buenísima, el trato también estuvo muy bien, y, además, desde el comedor hay unas vistas preciosas al río Covadonga. Después de comernos los postres (tarta de queso y flan) y tomarnos el café, volvimos a ponernos en marcha.
   
Como nos habíamos puesto bien las pilas, decidimos dirigirnos hacia Gijón. Por el camino Jorge y Sergio fueron echándose una siestaza, mientras Pedro, Ali y Laura rajaban sin parar y disfrutaban de un paisaje realmente bonito. Cuando llegamos a Gijón quedamos con unos amigos de Pedro, que nos llevaron a una sidrería a... beber agua. ¡NOOO! No podíamos irnos de allí sin ponernos hasta las patas de sidra. Allí disfrutamos de una agradable conversación, mientras el camarero venía cada dos minutos a escanciarnos culines de sidra. A los que no somos de Asturias nos resulta muy curiosa la facilidad con la que escancian la sidra, cuando en realidad es algo complicadísimo.

Cuatro o cinco botellas después nos pusimos en marcha para conocer el centro de Gijón, aunque, si somos sinceros, acabamos en otra sidrería en una plaza. Nos hicimos las típicas fotos en la escultura en la que pone “GIJÓN” y visitamos también la estatua de Pelayo. 

                                           



                                                     

En resumen, decir que el día ha sido muy productivo. Recomendamos a todo el mundo que visite Covadonga, es un lugar mágico y unido a los lagos es una elección perfecta para pasar un día, aunque si hace bueno lo aprovecharéis mejor. Sobre Gijón, nos quedamos muy a medias y queremos volver para conocerlo más a fondo. ¿Lo mejor del día? ¡¡LA SIDRA Y LA COMPAÑÍA!!