Con sincio de viajar...

Somos una pareja que reside en Santander y que dedica los fines de semana a conocer nuevos lugares.
Empezamos en Cantabria... ¿Dónde terminaremos?

viernes, 23 de marzo de 2012

Excursión a Somo

Después de unos días con mal tiempo, pensábamos que este fin de semana no íbamos a poder hacer ninguna de nuestras escapadas y nos íbamos a tener que quedar en casita con poco que hacer (mil cosas de clase). Sin embargo, para sorpresa de todos, se levantó un día maravilloso que Laura no podía dejar escapar. Jorge, sin saber nada, cogió el tren como cada fin de semana para ir a visitarla, y cuando llegó recibió la grata noticia de que iban a conocer un sitio nuevo para Jorge.

Laura, con muchas prisas, condujo hasta casa para recoger la bolsa que tenía preparada con bocatas de tortilla (¡¡su primera tortilla!!) y coca-colas. La pobre fue toda acelerada por la mañana porque su idea fue totalmente de improviso y cuando miró los horarios de la sorpresa, se desesperó bastante. 

Jorge estuvo totalmente intrigado hasta que a Laura no le quedó más remedio que decirle dónde iban por las prisas de los horarios. En menos de cinco minutos cogimos todas las cosas y corrimos a aparcar al Palacio de Festivales. Después de otra carrerita hacia el embarcadero, por fin llegamos a coger la lancha. A decir verdad, la idea de la lancha a Jorge no le hacía demasiada gracia, es un pelín cagón con el mar, pero no dijo nada y se hizo el valiente.

Allí sacamos el billete que nos iba a llevar a Somo, y que cuesta ida y vuelta 4,50 € por cabeza. En lugar de hacer un frío insufrible, como debería ser por la época, hacía un sol radiante que hacía que todos esperáramos tranquilamente al barquito debajo de una pequeña sombra. Las lanchas que cruzan la bahía son muy famosas en la ciudad, y tienen una historia que se remonta a tiempos mucho más antiguos de lo que puede parecer. Desde la época de los romanos hasta la actualidad se ha pasado por propulsar las embarcaciones a remo, a vela, a vapor y los actuales sistemas. El primer servicio que se conoce es el de “Las Corconeras”, que empezó a trabajar en 1841. Varias empresas fueron pasando por este negocio hasta que llegó la actual, “Los Regina”, en la que todos los santanderinos nos subimos cuando nos apetece un minicrucero para llegar al Puntal, a Somo o a Pedreña. 

Cuando por fin cogimos el barco, en Jorge se veía ese medio gesto entre miedo y disfrute. Pero finalmente y gracias a lo calmo que está el mar, se dedicó a disfrutar junto a Laura de la agradable excursión.

La primera parada fue en Pedreña, casi estuvimos a punto de salir del barco pensando que habíamos llegado a nuestro destino ya, pero gracias al cielo nos dio por preguntar y finalmente nos quedamos en el barco. Por fin llegamos a nuestro destino, y la verdad es que no esperábamos que fuera un sitio tan urbanizado.

Caminamos cerca de dunas de arena hasta llegar a un parque, y por no cargar con la comida y sinceramente porque nuestros estómagos hacían grugru, decidimos comernos los bocatas de tortilla preparados por Laura. Decir que para ser sus primeras tortillas estaban muy buenas, así que disfrutamos del buen tiempo y de una buena comida antes de partir hacia la playa.



Por el camino hacia la playa nos llamó mucho la atención que en Somo no hay un paseo marítimo como estamos acostumbrados a ver, sino que todas las casas están muy cerca de la playa y el espacio dedicado al paseo discurre entre los edificios y las dunas. Cuando llegamos a la playa nos encantó el ambiente: un montón de gente haciendo deporte, corriendo o simplemente paseando, gente con sus perros, parejas, niños, jóvenes... no hacía falta dejar mucho a la imaginación para pensar que era verano.



Decidimos dar un paseo por la orilla mientras disfrutábamos de aquel tiempo tan agradable. En principio no nos marcamos un objetivo, pero como la conversación era tan amena y los juegos por la arena tan entretenidos, nos plantamos casi sin darnos cuenta en el Puntal. Lo bueno que tiene este paseo es contemplar de frente toda la bahía de Santander, desde el Palacio de la Magdalena hasta el puerto, pasando por las playas de Los Bikinis y Los Peligros y el Palacio de Festivales. Una vez que llegamos al Puntal nos tumbamos para reponer fuerzas y tomar un poco el sol. Aunque no lo parecía, habíamos caminado ¡¡3 KILÓMETROS!! y, lógicamente, nos faltaban los mismos para volver.





El camino de vuelta no fue tan agradable ni bonito. Teníamos el viento en contra, por lo que caminar era bastante más difícil y más con lo cansados que estábamos. Para darnos fuerzas, pensábamos en el heladito rico que nos íbamos a comer en cuanto llegáramos a la salida de la playa... porque, claro, en Somo, haciendo tan bueno, un fin de semana, alguna heladería tendría que haber abierta, ¿no? ¡¡PUES NO!! Estuvimos un rato camina que te camina y no encontramos una dichosa heladería, así que optamos por la vía rápida: Lupa, cucharillas de plástico y Hägen Daz de tarta de queso. 




La vuelta fue un poco triste, no nos apetecía después de un día tan bueno en la playa. Además refrescó bastante, menos mal que Laura propuso llevar las chaquetas por lo que pudiera pasar. ¿Lo mejor de volver a casa? El atardecer en Santander visto desde el mar.


Como conclusión, diremos que merece la pena hacer esta excursión aunque resulte cansado. Si vas de vacaciones a Santander, o incluso si vives cerca y te apetece pasar un día diferente, cógete unos bocatas, sube a la lancha y date el paseazo hasta el puntal. Es cansado, no vamos a negarlo, pero realmente merece la pena.












sábado, 10 de marzo de 2012

Argüeso y Fontibre


Hoy nos hemos ido de excursión a la zona de Argüeso y Fontibre, situados más bien hacia el sur de Cantabria.

Por recomendación de Laura, hemos ido primero al Castillo de Argüeso. Ella ya lo conocía una excursión con el instituto y guardaba un muy buen recuerdo. Llegar no fue demasiado díficil, con el GPS, claro. 

Aparcamos en la zona habilitada para ello y nos dispusimos a subir hacia el castillo. Está situado en un alto estratégico, desde el que luego pudimos comprobar cómo tenían todos los puntos importantes controlados. La subida no es demasiado empinada porque se va girando alrededor del castillo. Aunque en principio pueda dar algo de pereza, merece la pena realmente ir contemplando poco a poco cómo se erige ante nuestros pies semejante construcción.

                                          

Tras entrar en el recinto amurallado, en el que encuentras un par de burritos graciosísimos y una hierba muy cuidada, entramos en el edificio. Allí, una guía - majísima, por cierto - nos cobró la entrada (2€, creemos recordar) y nos explicó alguna cosilla sobre el castillo. Se trata de dos torreones levantados entre los siglos XII y XIV y unidos por un cuerpo central en el XV, destacar que la segunda torre está dispuesta ligeramente girada (en la foto de arriba se aprecia perfectamente) para no quitarle las vistas a la anterior. Recientemente (creemos recordar que en los 90) se reformó por completo y se hizo un grandísimo trabajo de carpintería totalmente artesanal.


Del interior del castillo sólo podemos decir que quedamos maravillados. Está cuidado que da gusto pasear por sus estancias, el trabajo de la madera es impresionante, el ambiente es mágico... Es el típico sitio del que sales pensando en que no te hubiera importado pagar más por la entrada. 



Pero, sin duda, lo mejor del castillo son las vistas que se pueden apreciar desde las almenas. Se puede subir a ellas con toda seguridad, incluso si vais con niños. Como podéis ver en la siguiente foto, las zonas por las que se puede pasear tienen una valla de seguridad. Las vistas, tanto por un lado como por el otro, son maravillosas. Desde allí puede verse cómo el castillo está situado en un lugar estratégico: se ven absolutamente todos los caminos que llevan a esa zona.





Cuando terminamos de ver el castillo le preguntamos a la guía por dónde podíamos ir a ver el Poblado Cántabro (Laura ya había estado también el mismo día que visitó Argüeso). Nos indicó perfectamente y nos dirigimos hacia allí. Antes de seguir con la crónica queremos volver a hacer mención a lo educada, simpática y agradable que era la chica que estaba en el castillo, ojalá todas fueran así, porque nos hemos encontrado con cada una que telita...

Para ir al Poblado Cántabro hay que aparcar el coche a dos kilómetros del mismo. Dos kilómetros de camino pedregoso y cuesta, así que id preparados. Subimos hasta allí, con cruce de riachuelo incluido, y llegamos. La entrada estaba totalmente embarrada, a pesar de que hacía un día estupendo. Sorteamos el barro y terminamos de entrar. Mientras se nos acercaba una chica observamos el montón de chabolas que estaban montadas, simulando a la perfección las casitas de la antiguedad. La chica nos ofreció una visita guiada por el poblado y la verdad que hubo una situación rarísima, en principio parecía que lo estaba regalando, luego nos llevó a una de las cabañas a pagar los 4€ que cuesta la entrada. El precio nos pareció excesivo, sobre todo teniendo en cuenta  que para visitar el castillo pagas sólo 2€ y su mantenimiento conlleva muchos más costes que los del poblado. No nos llegaba con lo que teníamos suelto (se nos había ido todo en la entrada del castillo) y no aceptaban tarjeta de crédito... así que no nos quedó otra más que volver a bajar los dos kilómetros, mosqueados y sin ver el poblado. Aquí tenéis a Jorge mientras bajábamos intentando hacerse amigo de los caballos (no funcionó).



La última parada del día sería Fontibre, el conocido como Nacimiento del Ebro, aunque buscando información hemos descubierto que no es el nacimiento de dicho río. En 1987 se descubrió que el origen principal de las aguas de este río es el río Híjar, que nace en el circo del pico Tres Mares, a 1.880 metros de altura. Gran parte del caudal de este río se filtra en el subsuelo de aguas abajo de Paracuelles, a poco más de 800 metros del manantial de Fontibre, para resurgir más abajo en el Pilar de Fontibre.

Cuando llegamos el olor a rabas nos embaucó, así que no nos quedó otra que sentarnos en el bar a tomar un martini y comer las rabas. El ambiente del bar de Fontibre es genial, hay un montón de mesas en la terraza y había mucha gente.



Después del aperitivo bajamos al parque. Es un sitio que está genial incluso para pasar un día campestre con bocatas. Nosotros buscamos un banquito que nos gustara y nos comimos nuestros bocatas mientras disfrutábamos de estas vistas.


Una vez que habíamos comido, bajamos un poquito más para ver el "nacimiento del Ebro", hacernos la típica foto y dar un paseíto por los alrededores.


En definitiva, ha sido un día genial. El Castillo hay que ir a verle obligadamente, es impresionante. El Poblado Cántabro... cercioraos de que tenéis dinero en la cartera antes de subir los dichosos dos kilómetros. Y en cuanto a Fontibre, si vais ¡ya podéis decirle a vuestros amigos y familiares que no es realmente el nacimiento del Ebro!

sábado, 3 de marzo de 2012

Covadonga & Gijón

A diferencia de otros fines de semana, hemos conseguido engañar a unos amigos para irnos de excursión.
Nuestra primera parada fue en casa de Ali, donde nos reunimos con ella y sus dos amigos, Sergio y Pedro. 

El recorrido hasta Covadonga se hizo bastante ameno a pesar de los kilómetros que lo separan de Santander. Fuimos hablando durante todo el camino y, sobre todo, nos fuimos riendo del pobre Sergio, que había salido el día anterior de fiesta e iba “tocado”.

Covandonga está en el concejo de Cangas de Onís, en el Principado de Asturias. Lo primero que vimos según llegamos fue su gran basilica, que fue construida entre 1877 y 1901 por Federici Aparici en colaboración con Mauricio Calvo. Se trata de un gran edificio de roca caliza roja, que presenta una gran unidad estilística dentro de los cánones neorrománicos en el que fue concebido. La basílica, que se asienta sobre una gran terraza, tien tres naves, la central notablemente más alta.

                                        

Justo enfrente de la basílica pudimos ver una estatua de bronce de Pelayo. (foto)

                                                  

Muertos de hambre después del largo viaje, decidimos buscar un sitio en el que saciar nuestra gula. ¿Cuál fue nuestra sorpresa? Encontrar un bar donde tomar algo no es tan sencillo como en principio se nos antojaba. Por fin encontramos un bar pero tenía trampa, para llegar a él había que subir … demasiadas escaleras, al llegar vimos que no era gran cosa pero después de subir, como para no tomarnos algo.

Ya con nuestros estómagos llenos, nos metimos en la “Santa Cueva”, una gruta cavada en la roca, en la que se encuentra la Virgen de Covadonga. Hay muchas historias en torno a la creación de este santuario. Algunos historiadores creen que lo más creíble es que Pelayo y los cristianos, refugiados en la cueva de los musulmanes, llevaran consigo alguna imagen de laVirgen y la dejaran allí tras su victoria en la Batalla de Covadonga, La primera construcción de el santuario data de tiempos del Alfonso I, el Católico, quién mandó construir la capilla dedicada a la Virgen María, que daría origen a la advocación de la Virgen de Covadonga (la santina), al vencer a los musulmanes. Está claro que nuestros antepasados eran capaces de realizar trabajos con la piedra increíbles, ser capaces de excavar una gruta así en este monte nos parece algo realmente prodigioso, pero a decir verdad y para nuestra opinión, la nueva construcción que han realizado detrás de la Virgen le quita toda la magia al lugar. 


                                       

Después de visitar la gruta, bajamos un montón de escaleras hasta una laguna preciosa, en la que se puede ver cómo entra agua desde detrás de las rocas. En ella muchos visitantes lanzan una moneda para pedir un deseo, todos imaginaréis que Laura lo hizo. Junto a esta laguna se encuentra la fuente de los siete caños, sobre la que cuenta la tradición que si bebes de todos los caños te casarás en el siguiente año. No bebimos ninguno, primero porque no nos queremos casar todavía, y segundo porque ¡¡el agua no era potable!!

                                                  


No podíamos marcharnos de este lugar sin antes subir a los Lagos. Para llegar a ellos hay una carretera tan estrecha como pinada, pero realmente merece la pena subir, aunque sea sólo por el paisaje que vas admirando. Subirla en coche es complicado, todavía no entendemos como hay gente que es capaz de subirla en bicicleta. Los lagos forman parte del Parque Nacional de los Picos de Europa, y son glaciares formados por los lagos Enol, La Ercina y uno más pequeño llamado El Bricial, aunque este sólo tiene agua cuando se produce deshielo. El primer lago al que llegamos es el Enol, pero no paramos y subimos hasta el siguiente, el de la Ercina. En él nos encontrábamos a una altitud de 1100 metros, ¡¡ahí si que podíamos respirar aire fresco!!! La verdad es que quizás no acertamos con la fecha de visitarlos, ya que el frío y el césped mojado no nos dejó disfrutarlo como nos hubiera gustado. Además existe una ruta para andar que va desde éste al lago al de más abajo.

                                         

                                         


Ya bajando paramos en el Mirador de la Reina para hacernos unas cuentas fotos con la zona de Cangas de Onís de fondo.

                                         


Ya había llegado la hora de comer, así que fuimos a un restaurante al que ya habíamos echado nada más llegar. Encontrarlo es muy sencillo: está a la izquierda de la rotonda de la entrada a Covadonga, junto a la salida que lleva a los lagos. Por un precio realmente barato (unos 10€, creemos recordar) nos comimos un exquisito menú del día. Curiosamente, todos elegimos lo mismo: fabada y escalopines al queso de Cabrales. La comida está buenísima, el trato también estuvo muy bien, y, además, desde el comedor hay unas vistas preciosas al río Covadonga. Después de comernos los postres (tarta de queso y flan) y tomarnos el café, volvimos a ponernos en marcha.
   
Como nos habíamos puesto bien las pilas, decidimos dirigirnos hacia Gijón. Por el camino Jorge y Sergio fueron echándose una siestaza, mientras Pedro, Ali y Laura rajaban sin parar y disfrutaban de un paisaje realmente bonito. Cuando llegamos a Gijón quedamos con unos amigos de Pedro, que nos llevaron a una sidrería a... beber agua. ¡NOOO! No podíamos irnos de allí sin ponernos hasta las patas de sidra. Allí disfrutamos de una agradable conversación, mientras el camarero venía cada dos minutos a escanciarnos culines de sidra. A los que no somos de Asturias nos resulta muy curiosa la facilidad con la que escancian la sidra, cuando en realidad es algo complicadísimo.

Cuatro o cinco botellas después nos pusimos en marcha para conocer el centro de Gijón, aunque, si somos sinceros, acabamos en otra sidrería en una plaza. Nos hicimos las típicas fotos en la escultura en la que pone “GIJÓN” y visitamos también la estatua de Pelayo. 

                                           



                                                     

En resumen, decir que el día ha sido muy productivo. Recomendamos a todo el mundo que visite Covadonga, es un lugar mágico y unido a los lagos es una elección perfecta para pasar un día, aunque si hace bueno lo aprovecharéis mejor. Sobre Gijón, nos quedamos muy a medias y queremos volver para conocerlo más a fondo. ¿Lo mejor del día? ¡¡LA SIDRA Y LA COMPAÑÍA!!

domingo, 26 de febrero de 2012

Península de la Magdalena


Hoy el invierno santanderino nos ha dado una tregua, así que hemos pensado pasar la tarde en La Magdalena, el lugar más característico de Santander, situado junto Después de ver el Palacio, nos dirigimos a la zona donde están los pingüinos y las focas, pero antes de llegar nos encontramos con las tres carabelas utilizadas por el navegante cántabro Vital Alsar para rememorar el viaje de Francisco de Orellana por el Pacíficoa las también conocidas playas del Sardinero.

Según entramos en La Magdalena nos encontramos con un paseo rodeado de frondosos árboles y una hierba con el verdor característico del norte. A la derecha está la playa de los Bikinis, en la que los adolescentes santanderinos pasan las tardes de verano, y a la izquierda nos encontramos con un pequeño bosque que deja entrever el Palacio de la Magdalena.
Nos sentamos a comer en uno de los bancos puestos a disposición de los turistas, y luego nos dirigimos al Palacio. Por el camino, unos niños nos avisaron de que había orugas venenosas y, como podréis imaginar, Laura fue sufriendo todo el trayecto. 



El Palacio de la Magdalena fue construido entre 1909 y 1911 para convertirse en la residencia de verano de la familia real española hasta la proclamación de la II República. Se trata de un palacio que combina muy diferentes estilos arquitectónicos: en la disposición de las masas exteriores, la abundancia de las chimeneas y la forma de los ventanales se aprecia una clara influencia inglesa; en cambio, la escalinata de doble tramo o la asimetría de los cuerpos del edificio nos recuerdan al estilo francés; y por supuesto, no podía faltar algún detalle del barroco montañés. En la actualidad se está dando a conocer gracias a la serie "Gran Hotel".
No pudimos visitar el Palacio por dentro porque para ello hay que concertar la visita guiada. Pero no nos preocupa, porque como el hermano de Laura se casa allí en junio tendremos oportunidad para conocerlo.



Después de ver el Palacio, nos dirigimos a la zona donde están los pingüinos y las focas, pero antes de llegar nos encontramos con las tres carabelas utilizadas por el navegante cántabro Vital Alsar para rememorar el viaje de Francisco de Orellana por el Pacífico.



En conclusión, la Península de la Magdalena es un lugar estupendo para pasar cualquier día en el que tiempo acompañe, que, además, da multitud de opciones: desde comer en los jardines, hasta pasear por la playa, visitar el mini zoo y, si lo prevés con tiempo, conocer el Palacio.

sábado, 18 de febrero de 2012

Comillas

Hoy hemos ido a conocer Comillas, un municipio de la costa occidental cántabra que destaca por sus edificios medievales y barrocos, por ser uno de los pocos lugares fuera de Cataluña en el que intervinieron los artistas modernistas y por sus maravillosos paisajes.

Llegar es sencillo, está muy bien indicado desde que sales de la autovía. Tened cuidado por la carretera general antes de llegar, porque a veces se pone el radar. Para aparcar también está fácil, pero hay que tener en cuenta que estamos en febrero, seguro que en verano no es tan sencillo. Nosotros aparcamos en un parking gratuito muy cercano a la primera visita turística: el Palacio de Sobrellano.

El Palacio de Sobrellano fue obra de Joan Martorell, quién lo construyó por encargo del primer Marqués de Comillas. Este edificio, de estilo neogótico con ciertos aires venecianos, se utiliza en la actualidad como museo. No pudimos entrar porque cierran a las 15.20, ¿no os parece demasiado pronto? Supongo que en temporada alta abran más horas por la tarde. El caso es que nos quedamos sin verlo. Lo que sí disfrutamos es la enorme zona verde que rodea al Palacio, merece la pena sentarse en uno de sus muchos bancos y disfrutar del maravilloso edificio. Como curiosidad, decir que éste fue el primer edificio de España en utilizar la luz eléctrica, ya que el primer márques la mandó instalar en una de las visistas de los reyes.


Jardín desde el que se accede al Palacio de Sobrellano

Después nos dirigimos hacia la puerta de la Universidad Pontificia de Comillas.También construida por Joan Martorell desde 1883, tiene un estilo gótico - mudéjar muy ornamental, y a partir de 1889 se añadió una decoración más modernista. En la actualidad es una de las sedes de la Universidad Pontificia de Comillas, una universidad privada y católica, dirigida por la Compañía de Jesús. Como digo, nos detuvimos en ver la puerta, que está hecha de ladrillo, cerámica con reflejos metálicos y piedra labrada en el escudo, en el que aparecen la tierra y las llaves pontificias junto al anagrama jesuítico JHS (Jesús, de los hombres Salvador)

Puerta de la Universidad de Comillas

Haciendo caso del magnífico sentido de la orientación de Laura, decidimos subir por un camino que está a la derecha del Palacio de Sobrellano, con intención de llegar al Capricho de Gaudí. En lugar de llegar en un abrir de ojos como esperábamos, nos metimos por una pequeña montaña desde la cuál se podía ver perfectamente la Universidad de Comillas. Pero al final llegamos, ¿eh?


Universidad de Comillas


Una vez que salimos de aquel camino llegamos al Capricho de Gaudí. Cuál fue nuestra sorpresa cuándo vimos que el edificio rodeado por una valla desde la que no se ve y que hay que pagar 5€ sólo para verlo por fuera. Nos encontramos con que, como ocurrió con el Palacio de Sobrellano, ya estaba cerrado. Pero estábamos tan enfadados que no hubiéramos entrado en caso contrario. La foto que tenéis aquí está cogida de Internet, porque no encontramos ningún sitio para verlo sin entrar en el recinto.
El Capricho de Gaudí fue diseñado por Antonio Gaudí y constrido bajo la dirección de su ayudante, Cristofor Cascante. Su nombre real es Villa Quijano, pero se le empezó a llamar Capricho por tratarse de un encargo del cuñado de Marqués de Comillas, que deseaba una residencia de verano típica oriental. En la decoración se repite el tema del girasol, y se combinan la sillería, el ladrillo, el hierro y la cerámica con las formas divertidas tan características de este genio catalán.

Después de no ver el Capricho fuimos a visitar el centro histórico del municipio. Allí vimos la Fuente de los Tres Caños, el antiguo ayuntamiento y la Iglesia Parroquial de San Cristóbal mientras callejeábamos.




Iglesia Parroquial de San Cristóbal



Fuente de los Tres Caños










Para terminar nuestra visita decidimos acercarnos a la zona marítima, que nos decepcionó ligeramente. Suponemos que puede ser porque estamos en febrero y los días son más oscuros. En verano volveremos y os contamos qué tal.
                                          
Mientras volvíamos hacia la zona más céntrica, nos encontramos casi sin querer con la Puerta de Moro, que tiene una puerta para coches y peatones y además un agujero en el muro para los pájaros. Es realmente curiosa y bonita.


De vuelta al coche nos encontramos en una plaza con varias cafeterías, así que merendamos un chocolate con churros y nos fuimos a casa. Se hace necesario decir que podríamos haber visitado muchas más cosas de este precioso municipio, pero como fuimos algo tarde se nos hizo de noche y decidimos marcharnos. En verano seguro que volvemos a visitar lo que nos ha quedado. Si queréis ver Comillas, entrad en la página  web del ayuntamiento (http://www.comillas.es/default.asp) y veréis todas las cositas que podéis visitar, aunque es cierto que está perfectamente indicado para hacer rutas turísticas. Si sigues las flechas llegarás a ver todos los monumentos de interés. 





sábado, 11 de febrero de 2012

Bárcena Mayor



Hoy hemos decidido ir a conocer Bárcena Mayor, un pueblito típico cántabro situado en el municipio de Los Tojos, del que se dice es el más antiguo de Cantabria, y probablemente de España.
Llegar al pueblo es muy sencillo, la carretera está perfectamente indicada y en cuanto llegas sabes dónde debes aparcar sin necesidad de dar ninguna vuelta.Cuando bajamos del coche, el frío nos golpeó en la cara, así que nos abrigamos todo lo posible para recorrer el caminito que separa el parking del pueblo.
Nada más llegar nos sorprendieron las vistas. Es un lugar situado entre montañas, junto a un río, y todas las casas responden a la arquitectura típica montañesa. Ese día había nevado, por lo que el paisaje era todavía más bonito.
Comenzamos a recorrer las empedradas calles mientras observábamos lo cuidado que está el pueblo. Llegamos al río y decidimos tomar un orujo blanco para entrar en calor en el bar de al lado.
Mientras dábamos la última vuelta para comprobar si nos había quedado algún recoveco sin descubrir, se nos acercó un perrito y nos persiguió durante todo el paseo.
La verdad es que salimos super contentos del pueblo (no sólo por el orujo), merece la pena visitarlo para conocer la arquitectura tradicional cántabra, el trabajo de los artesanos madereros y el ambiente especial que rodea todo el lugar. 

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Madrid

Después de varios días separados debido a las vacaciones de Navidad, Laura ha cogido un avión destino Madrid para hacerme una visita de unos días. Había muchas ganas de vernos y ni los retrasos de avión consiguieron empañar los buenos días que íbamos a pasar. 

Debido a "compromisos" varios con amigos y familia sólo dedicamos un día a visitar la capital, asi que nos centramos en los sitios que Laura todavía no conocía y que no podía volverse sin conocerlos.Nos movimos en metro porque moverse por Madrid en coche para visitar sitios es un poco caótico, ya no por llegar a los sitios, que con un buen gps llegas, más por el lio de coches (Madrid es una jungla si no estás acostumbrado) y sobretodo por el aparcamiento, que no sólo es dificil de encontrrar sino que al ser parkimetro tienes un tiempo límitado y poco a poco acabas pagando muchísimo.


He de decir que no madrugamos demasiado, así que decidimos ir a comer antes de empezar la excursión. Fuimos a un sitio muy típico de Madrid al que mis padres y mis tíos ya iban de jóvenes: Casa Mingo. Es una taberna que se encuentra bajando según se sale de la estación de Principe Pio a la derecha, si te dejas caer por aquí no tienes más remedio que pedir sidra y pollo, nosotros lo hicimos. Sobre la estación diremos que antiguamente era la Estación del Norte y actualmente aparte de como estación se ha realizado en ella un gran centro comercial. Fuera de la estación podemos ver una de las puertas que hay por toda la ciudad, la Puerta de San Vicente.

Nuestra siguiente parada fue en la estación de Begoña. Esta situada justo en la zona norte de la Castellana y te deja justo en el hospital de la Paz, pero esta no es la visita estelar, la realmente buena es la que ves nada más salir: cuatro inmensos rascacielos a cual más bonito y espectacular, cualquier persona aunque no le guste la arquitectura tiene la necesidad de parar unos segundos, respirar y admirar estos cuatro edificios. Para mi siempre se llamarán las Torres del Real Madrid, no por ser un forófo precisamente, sino porque se construyeron sobre la antigua ciudad deportiva del Real Madrid. Cada torre ha sido realizada por un arquitecto diferente, para orientarnos las comentaré por orden según sales del metro:

La primera es la Torre Espacio realizada por el arquitecto Henry N. Cobb, y la mayor curiosidad es ver como la planta baja del edifico es cuadrada, y  según va ascenciendo va consiguiendo una forma más circular, pudiendose apreciar una curva en su ascensión que equivale a la función del coseno, a mi personalmente es la que más me gusta de las cuatro. 
La segunda se trata de la Torre de Cristal proyectada por el arquitecto argentino César Pelli, para nosotros lo que hace bonita esta torre, no es su altura (la segunda más alta de las cuatro) sino la variedad de ángulos que delimitan cada uno de los lados da vida y movimiento a través de la diferente intensidad de luz que éstas reflejen durante todo el día. 
La siguiente es la Torre PwC y probablemente sea la más sosa pero no por ello menos especial, es la única realizada por un arquitecto español del que tuve la suerte de recibir clases durante la carrera, Enrique Álvarez-Sala.
Por último y no menos importante, nos encontramos con la Torre Caja Madrid, realizada por el famosísimo y consagrado ariquitecto Norman Foster, uno de mis arquitectos actuales favorito, y que consiguió con esta obra construir el edificio más alto de Madrid y de España con 250m de altitud.
Decir que no sólo hay que destacar las cuatro torres, también hay un parque muy moderno y bonito por el que da gusto dar un paseo.



En vez de coger el metro, nos dimos un paseo por la Castellana en dirección a Plaza Castilla. Ya desde lejos pudimos admirar uno de los símbolos de Madrid, dos torres simétricas situadas una a cada lado de este gran paseo, las Torres Kio. Se trata de dos de las torres más altas de la ciudad y se diferencian de todas las demás por su inclinación. Es muy curioso ver la línea vertical que se puede apreciar en las dos torres y que va desde la esquina superior de un lado a la esquina inferior del otro lado.


Debajo de éstas, encontramos la Plaza Castilla y el Obelisco de Calatrava. Ésta es la única obra del arquitecto valenciano Santiago Calatrava en Madrid y se trata de una columna dorada, que da la sensación de estar girando, de 92m de altura y 6 de diámetro situada para que se vea desde Cuzco justo entre las dos torres.

Seguimos paseando por el paseo hasta llegar a la plaza de Cuzco, donde cogimos el metro. El Paseo de la Castellana parte Madrid en dos llegando hasta Atocha y entre medias podemos encontrar el estadio Santiago Bernabeu, la Torre Picasso, la plaza de colón, la Cibeles, Neptuno, el Museo del Prado...

Nosotros nos dirigimos a Plaza España, una de las plazas más grandes de España, y une varias de las calles más imporantes de Madrid, que más tarde comentaremos. Presidiendo la plaza está un gran edificio  neobarroco con forma escalonada llamado el Edificio España. Siempre he pensado que era un hotel, pero sin embargo me he enterado de que en 2006 dejó de serlo y se está reestructurando para que sean viviendas de lujo, ¿quién no querría tener su casa ahí?. En el centro de la plaza encontramos el monumento a Cervantes, donde podemos ver al propio escritor sentado mirando a su obra maestra, el quijote montado en su caballo Rocinante con Sancho Panza a su lado. Para completar la plaza hay otros dos edificios muy importanes, la torre de Madrid y la casa Gallardo y Real Compañía Asturiana de Minas.
Tuvimos algo de mala suerte ya que en la plaza habían instalado carpas para vendedores y no pudimos verla bien.

De esta plaza, salen calles tan importantes como la Gran Vía, la calle Princesa, la cuesta de San Vicente y la calle Bailen. Como Laura ya conocía la Gran Vía, fuimos hacia la calle Bailen para meternos en otro parque en el que se encuentra el templo Debod. Este templo fue un regalo de Egipto a Madrid en 1968 y lo más importante es que en este lugar empezó la idea de realizar este blog. Grabamos un video sobre como estaba siendo nuestra excursión y dijimos que en el futuro deberíamos hacerlo, y aquí estamos haciendo realidad esa pequeña idea. Sobre el templo, decir que a Laura le encantó. Su pequeño embalse, su forma y su situación lo hacen realmente encantador.


En dirección contraria, por la calle Bailen nos encontramos con la Plaza de oriente y el Palacio real. En la primera nos sentamos a tomar un helado que compramos en una heladería buenísima que esta justo antes de llegar. Si, es finales de Diciembre y estamos tomandonos un helado ¿algún problema? ¿Existe algún sitio mejor que tomarnos un helado en esta bonita plaza con el Palacio Real enfrente? Éste es un palacio de estilo barroco,el más grande de Europa occidental, y en su interior podemos encontrar obras de Velazquez, Caravaggio o Goya, entre muchos otros artistas.




Justo enfrente de este Palacio podemos encontrar la entrada a la Catedral de la Almudena construida en los siglos XIX y XX que tiene una gran mezcla de estilos: Neoclásico en el exterior, Neogótico en el interior y Neorománico en la cripta.
Las colas eran tan largas que no pudimos visitar ni el palacio ni la catedral, pero pensamos volver y contaroslo todo por el blog.




Por último no podíamos dejar de visitar la Plaza Mayor, así que cogimos el metro y fuimos a Sol. Allí podríamos haber visto muchas cosas, pero la fecha en la que estamos no acompaña para ver nada, toda la puerta del sol estaba repleta de gente y casi teníamos que ir pegándonos para poder llegar hasta la Plaza Mayor. Por el camino compramos dos billetes de lotería para el Niño. Por fin en la plaza pudimos ver como habían puesto muchos stands navideños y luces, el ambiente era inmejorable, aunque seguimos sin poder caminar con normalidad. Nos quedamos con las ganas de tomar unos bocadillos de calamares, que es lo más típico que se puede tomar aquí, pero la multitud de gente nos hace rechazar la idea.


En ese momento decidimos poner fin a nuestro día agotador por Madrid. Laura ha terminado el día enamorada de Madrid, de todos sus monumentos y edificios, de sus anchas calles y de su ambiente.